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Necesitamos una Ley de Microempresa y Emprendedorismo

febrero 22, 2011

Hoy tenemos una Ley PYME, la 25.300, algo bueno que dejó la gestión De la Rúa-Machinea (aunque probablemente el mérito corresponda a Rozenwurcel y los economistas de la UNSAM), pero enfocada sólo en el acceso al crédito, luego hay una Ley para Jóvenes Empresarios (25.872, iniciativa del diputado Rial, expresidente de la UIPBA, cuyo hijo conduce la rama juvenil) cuyo contenido en rigor se refiere a jóvenes emprendedores.

El diputado Heller propone una ley PYME inspirada en la gestión Gelbard (1973), que restablece la corporación estatal de aquella época que mediaba en el mercado de insumos estratégicos y monopólicos, ejemplo acero, para facilitar a las pequeñas firmas su acceso a los mismos en condiciones competitivas.

Todo esto está muy bien, pero a mi entender necesitamos una ley destinada a las Microempresas y Emprendedores. El abordaje conjunto obedece a que la mayoría de las nuevas firmas comienzan como microempresas, por lo cual los beneficios que se le dén a éstas pueden aplicarse perfectamente a los emprendedores, y la justificación de la necesidad radica en que, cuando se ven las estadísticas, el segmento micro tiene un peso en cuanto a empleo que es equiparable a los de mayor entidad. Es claro que la línea divisoria entre una microempresa y un trabajador independiente es difusa, pero esto no es un problema, ya que el diseño del instrumento lo resuelve fácilmente. Quiero decir, por ejemplo, que si la razón por la cual nos interesa apoyar a la microempresa es por su peso en el empleo y por el carácter precario e informal de éste, consideraremos microempresa sólo a aquella que tiene trabajadores registrados o desea incorporarlos.

Una de las motivaciones de enfocarse en este segmento es que, si bien la actual política PYME abarca en teoría a las microempresas, éstas naturalmente tienen menos chances reales de acceder a los beneficios. En el FONAPYME (uno de los mejores instrumentos de la Ley 25.300, bien aplicado en la gestión actual) las empresas compiten con sus proyectos por obtener créditos a un costo financiero total menor (CFT) al 10%, y la elaboración del proyecto en sí puede resultar una tarea fuera del alcance de un microempresario, y ni siquiera interesante para un consultor que trabaje a riesgo (ya que el honorario que puede cobrar como “fee” de éxito es muy bajo o encarecería demasiado el beneficio). Si bien existe una línea específica para microempresas, el FoMicro (administrado por el Banco Nación), creada por Poli cuando fue titular de la SEPYME, el CFT de la misma, paradójicamente, es superior al de FONAPYME (12%, a lo cual se le puede agregar 5% como honorario de gestión de la ONG que trabaja como ventanilla). O sea, actualmente la política de fomento dirigida específicamente a las firmas más chicas da un beneficio menor que el que se les da a las pequeñas y medianas.

De todas maneras, no creo que la discusión deba agotarse en el crédito. Por empezar, la asistencia financiera enfrenta varios obstáculos además del CFT. En verdad, hay otras formas mucho más eficaces y eficientes en que el Estado puede apoyar a las PYMES, ya que las mayores cargas que tienen éstas son los impuestos y el costo laboral. En un momento en que el Tesoro nacional goza de buena salud, porqué no pensar por ejemplo en estirar los plazos de pago del IVA para las microempresas? De esta forma, se le permite al microempresario operar dentro de la legalidad, comprar insumos y vender su producción con factura sin tener que pagar el costo financiero del IVA, originado en la extensión del ciclo de producción, venta y cobranza. Así mismo, podría pensarse en aportes patronales reducidos para las microempresas, así como en darles preferencia en los regímenes que subsidian salarios por la incorporación de beneficiarios de planes sociales o personas con discapacidad -incentivos captados casi excluyentemente por las grandes empresas.

Este tipo de medidas de alcance generalizado, hoy inexistentes en Argentina (la microempresa tiene el mismo tratamiento que la grande), complementan (no sustituyen) a los programas focalizados como los créditos blandos o los subsidios para consultoría y capacitación.

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One Comment
  1. Damián Isabettini permalink

    Muy intersante Ale lo que planteás.

    Por un lado el acceso al financiamiento es sumamente importante porque permite a un emprendedor realizar las inversiones necesarias. En esto estoy sumamente de acuerdo con que el CFT de una microempresa debiera ser menor que el de una empresa mediana. Esto obviamente debe salir del Estado, ya que ningún privado estará de acuerdo en hacerlo así

    Otra cosa que se puede hacer es incentivar que las grandes empresas inviertan en su cadena de valor. Tal vez esto incentive más a las pequeñas y medianas empresas que a los microemprendimientos pero sería algo a analizar. Algo de esto se quiere hacer con el programa “Madrinas” pero no sé cómo estará su funcionamiento.

    Algo que me pareció muy acertado del plan anunciado por la presidenta es la realización de foros. Esto llevado a las microempresas porque es vital el acceso a la información y aún más vital el acceso a contactos, que generalmente faltan en estos proyectos. Incluso creo yo, debieran darse charlas a microemprendedores para darles a entender lo fundamental de la información y de los contactos, algo que por las tareas del día a día y muchas veces por no conocer su importancia lo dejan de lado.

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