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¿Empresas madrinas o madrastras?

octubre 17, 2010

Ya que estamos en el Día de la Madre…

…como anticipaba  en un comentario anterior, en el congreso de AEDA compartí la mesa de ponencias con un interesante trabajo de Eugenia Inchauspe y Magdalena Marlow, maestrandas en Economía Política de FLACSO, analizando el recientemente lanzado “Programa de Fomento Financiero para Jóvenes Emprendedores”, desprendido de la Ley N° 25.872. Como es una iniciativa recién puesta en marcha, aún no hay resultados para evaluar, pero las autoras encienden una señal de alarma sobre el riesgo de que este régimen otorgue “espacio suficiente a posibles comportamientos abusivos por parte de las empresas madrinas”.

La “madrina” benévola ideal podría transformarse o encubrir algo más parecido al personaje malvado que encarnan muchas madrastras en los cuentos infantiles (esta alegoría literaria es un agregado mío, sin ningún ánimo de ofender a las madrastras buenas, claro…).

Les preocupa a Eugenia y Magdalena la posibibilidad de que los beneficios fiscales sean utilizados por la gran empresa para “construir y/o fortalecer esquemas jerárquicos de coordinación”, donde la “madrina” coarte el crecimiento y desempeño competitivo de los emprendimientos jóvenes. dado que la gran empresa naturalmente tiende a “ejercer el control y la coordinación del conjunto productivo” mientras que “el margen de maniobra que puede detentar una MiPyME dentro de una cadena de valor, en ciertas ocasiones, resulta ser muy acotado”.

Consideran por tanto que este régimen podría ser utilizado para profundizar la concentración económica en una trama productiva, es decir lo contrario a lo que se propone en su enunciado.

Escuchando su presentación venían a mi mente los casos de las cooperativas “truchas” de procesamiento de pescado en Mar del Plata o las de cosecha de fruta en Cuyo, pseudo-empresas de tercerización creadas por los grupos empresarios dominantes del sector para reducir costos evadiendo impuestos e incumpliendo la legislación laboral, mediante el truco de organizar a sus trabajadores bajo un esquema de subcontratación.

Por otro lado, como señalan las autoras, hay un artículo de la ley que prohíbe que los fondos aportados por la “madrina” sean destinados a la compra de productos o servicios de ésta misma; sin embargo, nada dice acerca de que el financiamiento esté condicionado a que la “empresa jóven” quede cautiva de la utilización de insumos o tecnologías (lenguajes informáticos, por ejemplo) provistas por la “madrina”. Es decir que por más que no destinen esos fondos a ese fin, es posible que exista un condicionamiento paralelo que restrinja las posibilidades de la nueva firma de elegir a sus proveedores, creando entonces un sistema donde la libre competencia está inhibida desde el inicio.

Asimismo, ni la ley, ni el decreto que la reglamenta (941/09) ni la disposición que la pone en marcha (SEPYME 735/10) contienen referencias a la propiedad intelectual de las innovaciones que las empresas jóvenes puedan crear o desarrollar. Si bien existe una prohibición de que la “madrina” absorba a la empresa joven en sus primeros años de vida, nada se dice sobre la posibilidad de que una gran empresa “madrina” utilice el 50% de subsidio del Estado para financiar un proyecto de I+D en un emprendimiento ajeno, y luego le compre la innovación obtenida.

La inquietud me llevó a revisar la normativa, llegando a la conclusión de que los riesgos señalados son reales, pudiendo ser evitados mediante una reglamentación más estricta, además, claro, de la forma en que se aplique. La ley en sí misma no especifica qué tipo de emprendimientos quiere apoyar, ni tampoco dice qué objetivo social quiere lograr mediante el fomento del emprendedorismo (empleo, diversificación productiva, etcétera). Únicamente en su artículo 8vo se establecen prioridades tales como “nichos sectoriales de alto valor agregado; promover la asociatividad y la creación de redes de producción”, etcétera.

Pienso que en el programa de las “empresas madrinas” estas prioridades deberían ser condiciones excluyentes, con lo cual luego la clave estaría en una evaluación rigurosa a fin de evitar los males señalados.

Desde mi punto de vista, el instrumento es interesante, si bien coincido en que hay riesgos de desvío en cuanto a los propósitos anunciados, que pueden evitarse.

Encuentro que puede ser una buena oportunidad para que se completen de esta forma cadenas productivas regionales aumentando la competitividad y sostenibilidad del conjunto, y no me limitaría a ver a grandes empresas como potenciales “madrinas”, me gustaría mucho más ver clusters o consorcios de pequeños productores que suman su crédito fiscal para desarrollar un emprendimiento que resuelva problemas comunes de suministro, procesos de agregación de valor o comercialización.

Será clave, como en muchos otros casos, la “sintonía fina” para obtener el máximo provecho de la herramienta, pero intuyo que la autoridad de aplicación tendrá, más tarde o más temprano, que hacer algunos ajustes para prevenir la proliferación de “madrastras malvadas” disfrazadas de “hadas madrinas”*.

* No quisiera con esto reforzar el sentido peyorativo del término; por el contrario, vayan en el Día de la Madre, nuestros mejores deseos a todas las mujeres que lideran “familias reconstituidas”; al menos desde la teoría evolutiva de la firma, en las segundas nupcias, disfrutarán los beneficios de la curva de aprendizaje! Muchas felicidades!

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